Ellos lo ven distinto

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Lonesome Riquelme is the go-to Man

Muy ocasionalmente emerge en el mundo del fútbol un jugador que, en estilo y método, desafía las categorizaciones. Es el jugador que inventa su propio idioma, juega de una manera y con un tempo que es completamente propio. Uno piensa en el joven Franz Beckenbauer, que como un líbero de contraataque, ha demostrado una vez y otra cómo un defensor puede ser el jugador más creativo del equipo. En este Mundial tenemos a Juan Román Riquelme de Argentina, el jugador más sobresaliente del torneo por mucho, y estilísticamente distinto a cualquier otro acá en Alemania.


Alto, Delgado, de piernas largas y a menudo de apariencia lenta, Riquelme, quien juega para el Villareal en España, opera en el mediocampo, detrás de dos centrodelanteros. Esa, al menos, es su posición nominal; pero la verdad es que él va dónde quiere y busca generar los espacios y las posibilidades para quienes lo rodean.

De varias formas, él es lo más cercano que tiene el fútbol a un ‘mariscal de campo’, la posición más influyente y elegante en el Football Americano. El mariscal de campo es el creador, el jugador que va inventando el juego en sus desplazamientos. Y si eso significa que hay que pasarla para atrás o para el costado, así será. Porque lo que Riquelme tiene, por sobre todo, es paciencia, la gran cualidad que Leo Beenhakker, el veterano técnico holandés de Trinidad y Tobago, dijo que Inglaterra, tan apurada y propensa al pelotazo, claramente carece. Tanto como la paciencia, el gran atributo de Riquelme es la toma de decisiones, el saber cuándo armar el juego, y el saber intuitivamente qué va a funcionar y qué no, y porqué.

Como tal, es el centro de lo que tal vez es la mejor Argentina desde los campeones del ‘86 liderados por Maradona; y también el jugador más querido y, algunos creen, más mimado por el técnico José Pekerman. ¿Por qué se dice que Riquelme es consentido? Porque casi nunca se tira al piso, rara vez se apura a volver para defender, ni siquiera cuando pierde la pelota, y puede ser inconsistente por largos períodos. Y sobre todo, parece moverse a su propio y lánguido paso. Sabe lo que quiere hacer y cómo se tiene que hacer, y el resto tendrá que acompañarlo.

Si él juega bien Argentina juega bien, y hace dos días, debajo del techo cerrado del magnífico estadio AufSchalke en Gelsenkirchen, Riquelme ofreció, para aquellos que fueron lo suficientemente afortunados para estar ahí, una clase maestra de cómo moverse y pasar la pelota, y de esta manera imponer el juego. Los jugadores de Serbia & Montenegro, demolidos 6 a 0, pudieron hacer poco más que mirar con fascinación y desconcierto a Riquelme, el jugador del partido elegido por FIFA sin siquiera haber convertido un gol, destruirlos con la brillante simplicidad de sus pases y movimientos.

El Segundo gol de Argentina, anotado por Esteban Cambiaso después de una secuencia de 24 pases, fue el mejor de la competición, una sinfonía de colaboraciones – ‘el gol más hermoso’, según Hernán Crespo. Y, por lo intrincado y nuevamente por la languidez de su construcción, es la personificación de todo lo que Pekerman, de 56 años, designado en el otoño del 2004, trata de lograr como técnico, volcado a un juego calmo, menos directo, más clásicamente sudamericano.

Y se ha repetido mucho en Argentina que, porque casi no se ríe en la cancha y es reservado y poco demostrativo, Riquelme juega sin alegría. Bastante equivocado. Cuando por ejemplo, convirtieron el segundo gol contra Serbia, y sus compañeros corrieron a abrazar al goleador, Riquelme, solo, se dirigió hacia el banco de suplentes, hacia Pekerman, abriendo bien grande los brazos en una especie de éxtasis privado, como diciendo: ‘Así es como se puede y se tiene que jugar a esto’.

Ahí, sin dudas, hay suficiente alegría.

Pero a Riquelme se lo critica en Argentina. Su desempeño en el primer partido -en el que hizo los pases en ambos goles- de Argentina contra Costa de Marfil, fue altamente celebrado en Europa, pero recibido con cierto escepticismo en casa. Es muy lento y no se termina de acomodar, se dijo, y juega solamente a su ritmo. No se adapta; si todo el equipo no gira alrededor de él, se va del partido.

Un amigo mío le dice a Riquelme ‘el peaje’, cuenta Jorge Valdano, uno de los integrantes del equipo campeón del 86, y ahora un filósofo futbolero con estilo propio. ‘Cuando la pelota llega a él, se tiene que detener. El ritmo y la dirección del juego va a depender, en gran medida, del nivel de inspiración de Riquelme. Y Riquelme no está siempre inspirado’.

A lo que Pekerman contradice: ‘Algunos dicen que Riquelme es lento. Pero no es lento cuando tiene la pelota. Es la pelota la que tiene que correr, no el jugador.’

En el tren a Gelsenkirchen, un grupo de periodistas argentinos estaban, como era de esperarse, divididos por Riquelme. ‘Es una cuestión de estilo’, decía Guido Ferrarini, del Diario Hoy. ‘Para mí, Riquelme es muy lento, muy lúgubre incluso. Prefiero un jugador más rápido, con alegría y habilidad, como (Pablo) Aimar o (Lionel) Messi. Pero a Pekerman solamente le interesa Riquelme. Es como su hijo.’

Nacido el 24 de Junio de 1978 en DonTorcuato, Buenos Aires, Juan Román Riquelme creció en una familia de 10, en una difícil pobreza. Pero no es, como algunos sugirieron, un ignorante chico de la villa miseria, el equivalente en Buenos Aires de las favelas de Brasil. La suya no fue una infancia delictiva. Ni tampoco es de extracción aborigen, como algunos indicaron. ‘Ese es el cliché romántico, ¿no es cierto?, que Riquelme es un chico analfabeto de la calle, con un origen familiar indígena’ dijo la periodista argentina asentada en Londres, Marcela Mora y Araujo. ‘Sí, su procedencia es muy pobre y difícil. Pero él fue a la escuela y alguna vez me dijo lo afortunado que se sentía de haber crecido rodeado de lugares abiertos en los que podía jugar al fútbol ‘de la mañana a la noche’. Su familia es muy importante para él, y todavía habla de DonTorcuato como su hogar.’

Riquelme, como Maradona antes que él, jugó tanto para Argentinos Juniors como para Boca Juniors, el club del que es hincha y en el que había soñado jugar desde que era chico. Cuando estaba en Boca, y porque también usaba la Nº 10, lo llamaron ‘el nuevo Maradona’. ¿De qué otra forma lo iban a llamar?

Pero los dos jugadores –en estilo, físico y personalidad- no podrían ser más distintos. Incluso cuando en sus individualidades y habilidad parecen algunas veces estar jugando un juego distinto al resto – su propio juego, sin compañeros a la altura.

En el 2002, Riquelme, casado y con dos hijos, se unió al Barcelona por la cifra de 10 millones de libras. Para ese entonces atravesaba un momento difícil. Poco antes de dejar Buenos Aires su hermano, Cristian, fue secuestrado; como lo fueron varios familiares de famosos futbolistas sudamericanos, como recientemente la madre del brasileño Robinho. Riquelme negoció con los secuestradores de su hermano y pagó el rescate para su liberación. Esto, según él, fue el motivo para su alejamiento de su amado Boca, aunque podría no ser del todo cierto, ya que para entonces mantenía una disputa con el club por su contrato.

La movida fue un desastre. El entrenador del Barca, por entonces Louis van Gaal, declaro que Riquelme era un fichaje político que interesaba al club pero no a él, y trató al nuevo arribo con indeferencia. En raras ocasiones jugó Riquelme, usualmente fuera de su posición, por una de las bandas.

Por primera vez en su carrera, la confianza de Riquelme se marchitó. Como jugador, él necesita sentirse necesitado, exactamente como Pekerman –para quien Riquelme brilló en la selección ganadora de la copa mundial juvenil de 1997- lo hace sentir. ‘Necesita que todo el equipo esté armado alrededor de él,’ nos decía Guido.

En el 2003, el año posterior a quedarse al margen de la selección argentina que participó en el mundial de Corea-Japón, Riquelme se unió al Villareal –el habla de que fue ‘rescatado’- un club pequeño en un pueblito español, con un presidente rico y ambicioso. Este fue el inicio de su vuelta. Comenzó a tranquilizarse otra vez, rodeado como estaba de compañeros Latinoamericanos, incluyendo a Juan Pablo Sorin, el capitán de Argentina. La intensidad y la expectativa eran más bajas que en Barcelona. Se sintió necesario otra vez, y pronto se convirtió una vez más en el centro del equipo.

En la última temporada, de forma inverosímil, Riquelme llevó al Villarreal hasta las semifinales de la Champions League, donde fueron derrotados 1-0 por el Arsenal en tiempo de descuento, en el primer partido, y habiendo dominado el segundo encuentro en España. Riquelme erró un penal en el minuto 89 que, de haber convertido, hubiera enviado el partido a un tiempo extra, y probablemente permitido al Villarreal, que estaban en un mejor momento, alcanzar la final en Paris.

Pocas veces se vio a un jugador más inquieto que Riquelme al prepararse para patear aquel penal. Era casi como si él supiera de antemano lo que iba a suceder a continuación. Escupió varias veces; no podía dejar de mirar el piso, y después empezó a correr… y erró. O mejor dicho, Jens Lehmann le atajó un tiro débil. ¿Es sólo en retrospectiva que parece un condenado? Inevitablemente, en Argentina, esto condujo una vez más a las dudas acerca de su temperamento y su idoneidad para integrar la selección nacional.

Todo eso quedó en el pasado, y ahora, como se lo ve a Riquelme, con Argentina moviéndose con tanta confianza hacia los octavos de final, se puede vislumbrar la gloria más preciada. Ciertamente, es el jugador más influyente del torneo por mucho, y el más original, el futbolista-como-mariscal-de-campo. Puede que no corra extravagantemente con la pelota como Ronaldinho, o driblear como Kaká, y nunca va a convertir un gol tan asombroso como el que patentó Maradona. Pero como lo ha demostrado acá, y Pekerman lo entendió hace rato, Juan Roman Riquelme puede controlar el tempo de un partido como nadie más puede. Y haciéndolo, liderar a este equipo, enormemente habilidoso y motivado, hacia el premio más grande de todos.

The Guardian, 18/06/06

<link de la publicación original>

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2 comentarios to “Ellos lo ven distinto”

  1. cinthia Says:

    bueno para mi riquelme es lo mas yo lo amo como nunca ame a nadie me gusta mucho su forma de ser pero como tiene señora le deseo lo mejor del mundo y que sea feliz besos chau

  2. virginia Says:

    Para mi Roman es la persona mas sincera y humilde; lo que lo hace mas hermoso es su personalidad y es un exelente jugador !!
    Riquelme es parte de mi, LO QUIERO Y le deseo lo mejor y espero que NUNCA CAMBIE !!
    …POR QUE NO SE LO QUE SERIA DE MI…(lastima que esta casado)

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